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Sweet & Sour, Hot y Spicy (Remasterizado 2024)

Album

Sweet & Sour, Hot y Spicy (Remasterizado 2024)

2004Alternativa y rock en español · Música · Música latina

“Este disco marcó el momento en que defendí lo que quería cantar.

Tracks

  1. 14:02
  2. 24:19
  3. 33:15
  4. 45:09
  5. 54:01
  6. 65:46
  7. 74:34
  8. 83:40
  9. 95:10
  10. 106:22
  11. 116:09
  12. 123:20
  13. 133:38
  14. 143:50

About this album

“Siempre he abierto la boca de más. Siempre me siento expuesta”, le cuenta Ely Guerra a Apple Music. “A lo mejor he hecho pocos discos, pero justamente por eso, porque he tenido que estar defendiendo la música siempre”. Cuando la regiomontana lanzó Sweet & Sour, Hot y Spicy en 2004, la idea de plantarse como una figura revolucionaria que protegiera el arte de cualquier interés ajeno a su expresión quizás no formaba parte de sus objetivos. Y, no obstante, de alguna forma lo hizo: Ely resguardó un sonido impulsado por la guitarra tendido hacia las más suaves melodías, defendió la idea de que la música (especialmente alternativa) también estaba hecha por y para mujeres, así como la complejidad humana desde todos sus matices. Dulce y ácida, brusca y tierna, intrincada y sencilla. Su visión del amor encontró casa en un álbum liberador e íntimo, cosechando así las flores más coloridas y vivaces de su extensa carrera.
20 años después, la mexicana remasteriza una de sus obras clave y muestra que, a pesar de todo, su atemporalidad es y será su más grande cualidad. “Cuando hay una buena canción, no importa cómo la produzcas ni qué le metas. Cuando hay un core establecido, lo demás no importa”, cuenta. Platicamos a fondo con ella sobre esta entrega.
¿Qué crees que hizo que este disco venciera el paso del tiempo y pudiera mantenerse vigente? Creo que tiene que ver justamente el momento generacional. Veníamos haciendo música de otra forma y este álbum tuvo la fortuna de congeniar con un instante específico en que las mujeres estábamos empezando a sentir que sí podían ponerle atención a la música hecha por nosotras. Había también una bienvenida al formato de festival en Latinoamérica. Siento que eso fue una sinergia que provocó que Sweet & Sour, Hot y Spicy tuviera esa recepción. Además, yo venía trabajando fuertísimo y con muchísima energía en Lotofire, mi disco anterior. A todo mundo en la industria le gustaba, pero no logró pasar la prueba. Sin embargo, ese proyecto hizo que Sweet & Sour, Hot y Spicy tuviera ya otra bienvenida. Y también es una obra que se hizo totalmente en México. Participaron muchos músicos con los que teníamos una interacción real, no sólo mis músicos en escenario. Las giras que hice con Café Tacvba o con Kinky, eso igualmente se ve aquí involucrado. El material lo trabajé junto a Toy de Control Machete, Sacha Triujeque, Thom Russo, Meme de Café Tacvba y Daniel Goldaracena.
Mencionas que el disco cobró vida por lo que sucedía al tocarse en vivo. Cuéntanos más sobre eso. Definitivamente fueron giras muy nutridas por diversos países, realmente creo que eso le da el carisma, pero también la fuerza. Además, en ese momento de mi carrera estaba haciéndome muchos looks en el cabello y eso igualmente impactaba, porque yo sentía físicamente un asunto como de mucha voluptuosidad. Dije ‘quiero tener un afro’, y me lo hice. A mucha gente le chocó. Fue como ‘wow, ¿qué te hiciste?’. Apareció un aspecto que no solamente te une a la música, sino también a un rollo totalmente personal y con una ideología que hace que todo explote y tenga un sentido. Es una comparación absurda, pero lo siento un poco como Frida Kahlo, que tiene una conjunción entre su arte y su vida personal. Creo que el disco actuaba de la misma forma. Tenía esta faceta sonora, pero también muy personal y una defensa a la música hecha por mujeres y de una forma femenina. Y de cómo se habla, en este caso, de estar enamorada, cómo lo digo. Eso tenía que ver con mi personalidad y mi personaje y todo se adhirió a la fórmula.
Además de esas características integrales de cualquier obra artística, en tu caso hay una expresión implícita también. ¿Cuál era? Finalmente, la responsabilidad de cualquier artista, en mi opinión, es relatar lo que ocurre a tu alrededor. ¿Qué ocurría en el 2004? ¿Y qué era lo que yo podía decir? Bueno, yo soy una mexicana que nunca he salido de mi país y así vivo. Eso es lo que narro, aunque no solamente en este disco: en todos mis proyectos ha habido una evolución. De hecho, hasta te sientes un poco desprotegido, expuesto, porque todo el tiempo estás diciendo quién eres, lo que piensas y cómo actúas. A veces, nos alejamos demasiado de las fórmulas comerciales. Eso también lo hace un material… no voy a decir de culto, pero sí uno que a lo mejor accede a mucha menos gente, pero de una manera muy intensa.
¿Cómo explicarías esas canciones que terminaron sonando más hasta llegar incluso al mainstream sin quizás ser lo que buscabas? Creo que lo que buscamos es expresarnos. Y hablo en plural, porque luego echas mano de mucha gente. Ya íbamos formando un proceso independiente, porque no congeniábamos con lo que ocurría en la industria. Entonces yo no sé si lo puedo explicar. Lo único que puedo compartir es que, cuando hay una forma de exponer las cosas desde un personaje que es totalmente honesto, la gente quiere verlo. Las personas están necesitadas y ávidas de encontrarse. Recordemos que, en la generación anterior de mujeres cantantes, había muy pocas que escribían, o si lo hacían, no producían sus canciones, o les componían otras personas. Cantaban inclusive lo que escribían hombres, ni siquiera mujeres. Entonces este disco fue el salto de defender lo que yo quería cantar. No me interesaba salir con cierta ropa, con cierto estilo, haciendo lo que ellos querían. Esta actitud es algo que influye en la música y el público. Por eso nos hicimos totalmente independientes después de ese álbum, porque realmente la industria nunca entendió que esto tenía un lugar.
¿Consideras que un disco de este tipo pueda existir en la actualidad? En mi opinión, es un álbum atemporal. Quizá 40 años después la gente lo va a escuchar y va a seguir encontrando cosas interesantes en él. Es algo presente en todas mis producciones, esta es mi personalidad. Yo quiero seguir bajo esa indicación de que hay ciertas modas y está bien aterrizar en ellas, pero lo más importante y el core de todo es la canción. Cuando hay una buena canción, no importa cómo la produzcas ni qué le metas. Cuando hay un core establecido, lo demás no importa. Puedes meter el sonido del 2000 o de los setenta, pero el core existe y ese es el valor más natural. Es de lo que podría hablar mucho más libre, porque a mí me cuesta trabajo ver cuando hago algo bueno. Siempre estoy conflictuada y pienso que pude haber hecho mejor las cosas, pero si lo aterrizo a un lugar muy natural y pienso en las canciones, todo se calma. Mi gira para celebrar más de 30 años de música es sólo voz y guitarra, pero no importa. Aunque yo esté desnuda con la guitarra, la canción existe. Y ese es el verdadero centro de las cosas.
¿Al mirar atrás, crees que hay algo que no dijiste en este disco? No. Siempre he abierto la boca de más. Siempre me siento expuesta. A lo mejor he hecho pocos discos, pero justamente por eso, porque han sido procesos distintos en los que he tenido que estar defendiendo la música siempre. Si no, alguien quiere transformarla en otra cosa. Entonces, por fuera de la música hay sucesos mucho más largos que el desarrollo creativo. Para defenderla y decir lo que quieres y exponer lo que quieres exponer. Así que no, es todo lo contrario. He podido disfrutar de una carrera sumamente honesta que hoy en día me permite cantar esas canciones de hace 20 años o más sin ninguna preocupación. Realmente lo disfruto y puedo inclusive contar las historias de por qué las escribí. Se vuelve todo un matiz.